La pintora reinterpreta los elementos de la naturaleza para articular composiciones de un armonioso equilibrio visual. Sus bodegones de frutas se caracterizan por una iluminación suave y un juego de reflejos sobre superficies limpias, donde las frutas como los membrillos, ciruelas, uvas, repollos o limones, cobran un protagonismo escultórico. La técnica precisa con una paleta cromática armoniosa y vibrante invita al espectador a detener la mirada en los detalles y capturar la poesía de lo efímero.